con su coqueteo insuperable,
me distingue,
volviéndome su principal opción
entre miles,
para abordarme
para abordarme
con la sustancia por la que muero...
La fuga deliciosa de tus ojos,
vaticina el fulgor
que te enseño,
La fuga deliciosa de tus ojos,
vaticina el fulgor
que te enseño,
sin suficientes palabras
en el transcurso
hacia tu aprobación...
hacia tu aprobación...
Tú,
mi resguardo,
me asistes
y lo que me traes, seguro,
reviste únicamente esplendor...
Los dos vestidos
del mismo agravio;
de la ración de una bendita sintonía,
como acierto que acierta...
Tu lengua
encuentra su cauce natural
en mi atención y empatía
y, abismado,
te abrochas al color de mi voz
con ánimo de lucrar...
Abrigas
un giro,
una torsión,
el balanceo de un girasol,
una torsión,
el balanceo de un girasol,
al atarme este roce vibracional...
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