y planeo la amplitud
de la hondura insumisa
para que
se revele el renovado fulgor
que te alude...
Y así reverbere la plenitud
del asombro
y se ruede, inmune,
por mi poesía...
Exploro,
en detalle,
la proximidad severa
para hacértelo saber,
transfiriendo, a tu nombre,
la dualidad;
la semejanza, a tus sentidos
y su tacto impertinente...
Me oyes
hacerle el amor
al estupor de tu silencio
que suele manifestarse proclive
a mi lengua...
Es más,
permitirte
llegar donde llegas;
dejar que me quede
a tu lado...
Tan joven la noche
y tanto júbilo acoplado
en los corazones
de estos cuerpos
al saber desencadenar el caos...