Encarnas el enigma
que descifro,
fascinada,
transitoriamente...
Presumes que detonas
la avidez de lo más íntimo,
mientras me lees
y estalla mi visión
en tus palabras...
en tus palabras...
Ejerces
sobre mi lengua,
una fuerte atracción
a causa de esta santa afinidad
que apabulla a la razón
que apabulla a la razón
y, en consecuencia,
despojarme de un beso...
Sabes
corresponder lo insoportable;
aferrarme a la insensatez
de esto que siento...
Porque haces
que parezca fácil
perderme en tu singularidad;
afrontar la adversidad,
como puente al futuro,
dejando que me consuma
en tu piel,
hasta que emerja
el impulso renovado...
Súbitamente habitada,
descubro la desnudez del instante,
divina abyección
que revela, a mi alma,
al tocarme,
su bien más preciado...
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