de que cimbra la realidad
al chocar
con la precisión de tu verbo
al enganchar, a mi lengua,
su reflejo
y ver nacer, en otra piel,
mi propia sensación...
Me inquieta
lo que alcanzas a despertar;
ese amor fiero,
retando a los fragmentos
de lo que soy...
Y, sin escapatoria,
sólo atino a despeñarme
por tus ojos,
a naufragar en ellos,
como la luz en el agua,
refractándome...
Porque me inspiras
a llegar al fondo
de tu pretensión,
revelándome afán y razón
del ánimo sonriente de tu alma...
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