Permitirme
sembrar en tu piel
la poesía vibrante
y reveladora de mi alma...
Augurar el tacto inefable
del fulgor que anida en tu mirada,
pegado a lo que soy,
me aproxima
a umbrales insospechados...
Dejarte entrar,
directo a mi costado,
dándote de beber mis pulsaciones,
confirma que la magia existe...
Volver a derretirme
en tu lengua
y sumergida en el susurro
de tu palabra favorita,
vaticina
que, el largo efecto del roce,
va a quedarse,
resonando...
Recobro de tus labios
mis colores,
mientras comparto
los caldos esenciales del atrevimiento...
Contigo,
lo unánime culmina
en el siguiente reparto,
con un mensaje lisérgico...
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