a esta concordancia ciega
con el fragor incólume
del aire que te nombra
sin cesar...
Me arrancas de la sombra
y haces,
de tu mundo,
un deseo universal;
un deseo universal;
una intermitencia de placeres,
cuya variación inquietante
deslumbra a mi lengua...
El propósito insistente
de que te vea
suspirar
al salirte por mis poros,
mientras me baña, desnuda,
la insolencia de la que, airoso,
te pavoneas...
Suele acumularse
en mis palabras
y, sin querer abandonar
la posibilidad de mostrártelo,
te avanzo...
Al sentir el refulgir del alma,
el cuerpo de tu sonrisa
delinque
y, con su arma más poderosa,
revoca la imposibilidad
de mi contacto...
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