me arrima,
rotunda,
consistente,
te unta por encima
y te empapo de silencio...
Los restos
se interconectan;
se gustan y congenian;
entretejen sus manías...
La percepción se empina
para admirar el logro,
andando
por un reflejo intocable...
Me sostienes dentro
y recupero el trato preferente
de tus ojos,
mientras depuras el malabar
para vernos saltar por el aire...
Adoro
cómo versas la argucia
sobre mi boca;
cómo la versionas
para secuestrarme del tiempo
y salirte con la tuya...
Conductor de mis corrientes,
tu llave secreta
abre todas mis puertas
y, valiente,
saltas al metaverbo...
Atraviesas las formas
de mi lengua
y sus melodías encarnadas,
corresponden a tu alma,
saboreando el elixir
que te contagia su destreza,
en ese mismo momento...
(publicado el 27.05.26 a las 14.40 hrs)
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