sentirme atribulada;
víctima de una trampa mortal
al permitirte
meter tu cuerpo en el mío
Albergo
Acabo,
y verlo tiritar,
embargado de éxtasis...
Como si algo
insistiese en maniobrar
el peligro,
el peligro,
hasta las últimas consecuencias,
dando rienda suelta
a lo insospechado...
Albergo
un silencio incompleto;
una luz imprecisa,
seguido por la constancia
de tu desvergüenza,
tatuándome el aspaviento del pecado
de transigir con tu sonrisa
y permanecer
permeable a tu incursión inmoral...
Acabo,
al descubierto,
indigna de mi actuar,
dirigiendo mi extensión
dirigiendo mi extensión
contra tu lengua,
a expensas de ese desquite
que sabe de condenar...
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