me atrevo a coger el atajo
hacia tu lengua;
a poner a tu alcance
el preámbulo...
A volcarme
en la tensión pasajera
que arrastra, consigo,
el riesgo del menoscabo...
Me implico en el rescate,
pero acabo sin identidad,
alejada de la manía
de atarme a la sombra...
Eres tan gentil con mi piel
que te adora
y, de tu sed, embriagada,
valido tus cualidades
que son otra cosa...
Una franja de encanto,
un bloque subversivo
que exige, de mí,
que exige, de mí,
la rebeldía...
Modestia la tuya,
es de aplaudir...
De paso, sufrirte,
cada día, en plural;
surtirte de mis labios
durante la irrupción irracional
en la captura del hartazgo...
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