en llamar mi atención;
en despertar la chispa
que me lleva a reaccionar
al extremo...
¡Qué brillante!
En concederme
percibir la acción espacial
del silencio
al dejarte ver,
como una tentación
imposible de rehuir
y, al vuelo,
imposible de rehuir
y, al vuelo,
tallar su cometido
en mis carnes...
Tu manejo de la física
te permite
planear bravíos oleajes,
empujar su inconstancia
y sublimar el estruendo...
Discierno
que me hundo
que me hundo
en la imprudencia poética
de tu obsesión por lo que digo,
de tu obsesión por lo que digo,
y subsisto,
teniéndote de mi lado,
untuoso...
Cuando me enfunda tu lengua,
te aseguro que la satisfacción
que experimento,
enredada en la tuya,
va arrojarnos, sin remedio,
al abismo del otro...
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