Te miro y advierto
la verdad más contundente,
como un bocado de luz;
tiñendo de virtud mi perspectiva,
entrando, fuerte,
por mi respiración
hasta sentirla
que late conmigo…
Incido
en cada realidad imaginada;
en cada pequeña luz
que parpadea en la envergadura,
desafiándome a continuar...
Mi lengua,
atada a tu altura,
es un ronroneo furtivo,
dando cuenta de tu gallardía…
Me regodeo,
manteniendo tu moral a tope,
aún
cuando, a veces,
tu carácter tornadizo
pareciera que no responde…
Esta aventura antojadiza
chorrea sinapsis por mi cerebro
y tú sólo miras cómo caigo,
grácil,
por entre tus dedos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario