de cada murmullo
que se desprende,
como un fuego electrizante
desde esos ojos tuyos,
acostumbrados a perturbarme...
Mi intelecto recoge,
sin permiso,
sus pinceladas;
las formas de la luz
que vas creando,
sumando su cuota de interés
para que termine
convirtiéndose en vértigo cuantioso
en el fondo de mi alma...
Canalizo tu fuente de geometrías,
en un fractal majestuoso
con las ganas
que guardo dentro
de saberme contigo...
Y tú vuelves
a elegir el suelo que nos reúne;
a sonreír,
mientras conectamos
escribiendo el resumen del infinito...
La eternidad te brota
de los manos
cuando las vas resbalando
por esta locura
que me alborota;
que sólo a ti te procura...
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