Ay, quietud inquieta,
amplitud de la eufonía,
fascinación…
Nutres de tal forma
mi interés por tu energía
que, en vano,
marcha la explicación,
porque, atacadas, las horas
de tanto desplante,
van diluyéndose,
en colapso…
Y así va
agolpándose el disfrute;
dejándome,
rebosando…
Exultante,
ajena a la realidad,
mientras se mueve,
dentro de mí,
tu océano dorado
que ruge,
regodeándose de amor
de principio a fin…
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