Aprendo
a prender de tu lengua
la ración de sensualidad
que mana, imprevista,
delante del lapso
en que me invades, entera…
A mantenerme dentro
y deslizarme en tu impresión
sin que sepas
que me bato,
progresivamente,
desprendiendo las fragancias
que se acomodan,
tan a gusto,
en cada uno de tus sentidos…
La intensidad
de colores y sonidos
embeben el entorno,
como una señal del cielo,
cayendo en tus ojos vacíos…
Sales al encuentro
de mi rendición
y flamean las almas
en el fuego fronterizo
que sangra y sangra
su más profunda desazón…
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