Esbozas el puerto
y yo me allego,
encallo…
Me pongo delante
para lucir lo que cargo
y permear tu mirada
con el placer incorpóreo,
mientras me amparas,
sin titubeos…
Me haces tu inquilina
y mis mejores fantasías
te cedo,
porque el fractal de tu boca
es la perdición
que me ha estado esperando…
Y de pensarlo me da cosa…
Me entrego;
la fruición me obliga
a identificar que tu lengua
es crimen e indulto…
Y la mía reitera
que es incapaz
de arrepentirse
o de esquivar su yugo…
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