te paseas por sus afueras...
Desencadenas
un ferviente escalofrío
que mana,
espontáneo,
de lo más íntimo
de mi silencio...
Tienes la clara intención
de quedarte a darme
de tu poesía;
hacerte proveedor
de mis suspiros y quejas,
subordinando el tiempo
a los anclajes de tu lengua...
Atiendes mis pasos,
abriéndose al horizonte
de una perplejidad desconcertante...
Se mantienen, a flote,
los canales
que tripulan tu raciocinio,
derivando en el acto,
nada gratuito,
de sostener el amerizaje...
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