rodando por mi piel,
obstinado con recaudarme,
obstinado con recaudarme,
para siempre...
Con verme descender,
a tu lado,
hasta palpar el vacío,
descubriendo tu deseo inconsciente...
Y, yo, alrededor,
registrando tu semblante,
preso del desquicio...
La estática
combina, tan bien,
con la atracción que se mueve
a través del horizonte,
cuando la melodía de la noche
rasga la tarde
y, presa del estupor,
me entrelaza
tu parte más íntima...
Tu y yo,
siguiendo las señales
del bosque vibratorio,
creando un sendero de oro
con la lengua...
Pretender ahogar las sensaciones,
sólo confirma el desenlace
que señala la ruina fascinante
de vagar entre silencios de seda...
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