que eres el tiempo oportuno
y corres hacia mí,
desaforado;
que se van acentuando,
uno a uno, los pasos
que acortan la distancia
entre los dos,
cuando tiras del silencio,
haciéndolo caer
en el mágico compás
de un girasol...
Que dibujas,
inconsciente,
un espacio colorido,
secretando secretismo,
con la misión
de incendiar mi mundo...
Si acaso se desprende
mi placer en el tuyo,
como si fuera un mantra,
tatuando mi lengua
sobre tu cuerpo...
Tú, mi campo de acción,
te prestas, por entero,
a una promesa
enloquecedora,
minimalista,
llena de ilusión...
Y acabamos, desnudos,
en una isla desierta,
conjugando verbos,
a viva voz...
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