llegando
al lado tierno de tu lengua;
modificando
la esquela cósmica
con el vaticinio del nosotros...
Airadamente,
descorro el velo del agua
Airadamente,
descorro el velo del agua
y me hundo
en las curvas abiertas
que el silencio me proporciona...
Te veo venir,
frenético
y, sin prescindir del roce,
advierto el desarrollo
de una velada onírica...
de una velada onírica...
Me siento,
cayendo
en un espacio secreto,
en un espacio secreto,
ajena de mí misma...
Y te advierto
que la complejidad
entre lecciones y elecciones
es el afán inagotable de mi alma...
Sin más preguntas,
descubro el caos
de este embarque telequinético,
cuya magia
me hace desaparecer
en el placer de tu más pura llamada...
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