a las puertas de lo que ignoro;
sintiendo al pulso esgrimir
algo extraño,
cuyo motivo monstruoso
es la imprudencia
de repetir tu nombre
ante la espera de aquello
con lo que me desarmas...
Te haces cargo;
tu respuesta no tarda...
Ocurre, enseguida
que tu lengua
transita mi avidez;
desahoga mis ganas y las recoge,
hasta hallarme
entre tu verbo y tu piel...
hasta hallarme
entre tu verbo y tu piel...
No voy a negarte
que me asusta,
a la par que me envenena,
el brillo tremendo
que esparces,
sin contemplaciones,
a lo largo de mi alma...
Pero es que
todas tus acciones
me enfrentan
y empujan
al engarce perfecto
que, conmigo, acaba...
No hay comentarios:
Publicar un comentario