el ambiente;
adecuado,
para prevenir
cualquier falta de tino...
Vas, propiciando
el alzamiento del ardid,
con una rigurosidad
que te acerca,
sin dejarte ignorar
que arrancas,
a cada paso,
de mi pecho, un suspiro...
Sin obviar la influencia,
me pregunto
¿quién eres?,
mientras un tinte delator
acapara mi pulso y tacto...
Me acurruco
en las longitudes vertebrales;
en las latitudes transversales
que sostienen carne y hueso...
Rotando en esplendor;
torciéndose
a través de la curva del silencio,
mi lengua
me pone al tanto
de tus intenciones...
Después,
al compás de tu arranque inadaptado,
un fondo de colores,
se desnuda
se desnuda
y, entre sonidos fractales,
la búsqueda de eternidad
se va acabando...
No hay comentarios:
Publicar un comentario