de magia;
con la gracia
de reconocer, de antemano,
lo que coordina
la sensación surrealista
de morder la palabra,
instando la encarnación
de morder la palabra,
instando la encarnación
de lo enigmático
en un instante único,
es un verdadero prodigio...
La distancia
se pierde entre rubores,
así como razón y sentido...
Acudo
a tus ojos,
segura de que puedo conectar
los planos espaciales
para validar el goce
de sostener el universo tuyo
con mis manos...
A tus labios
para escoger la acción
y perderme en su estallido...
Concluyo
que el ciclo llega a su fin
cuando tú y yo
nos compartimos...
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