se impone en el silencio;
como la fracción infinita
de una certeza,
cimbra,
mientras se abren
tu noche y tu lengua
ante la más mínima señal
del universo...
La expectación
se reconoce bidireccional
y percibo
cómo florece la aurora,
en sí misma;
la raíz cuadrada del sol,
dentro de mí...
El cariz,
un diminutivo de espanto,
se enreda en la visión
de lo inabarcable
y advienes
para darte...
Me estremezco,
te estremeces
y un vínculo de amapola,
boyante,
despunta sobre mi espalda...
Soy una luciérnaga
que arrastra su destino,
siempre oculto,
hasta tu vera...
Un regusto de oscuridad
inunda las sombras
y, aún,
sin ser lo mismo,
se convierte
en armonía de aromas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario