Una lágrima despertó el vacío de mi casa
y escuché un clamor recóndito,
una secuencia de agua,
fluyendo desde la boca del otoño
hacia el precipicio de mi alma…
Rompió mi templo de cristal
y desembocaron las palabras,
evaporando en la caída,
lloviendo hacia el cielo como silente aullido…
vapor de hinojo…florecido.
Fue una lágrima
la que me abrió a la vida,
y sus pinceladas invisibles
surcaron mi soledad infinita.
Me hablaron de antiguos profetas,
pintaron milenarias consignas,
abriéndose mis gavetas,
expulsando primaveras suicidas…
Y fue mi tierra la que habló de su trono
con misteriosos geoglifos
desde el temblor de mis ojos,
pereciendo en llanto el fracaso,
renaciendo la noche y su retoño.
Me gustó el final de tu poema porque está envuelto de nostalgia. Aquella que nos hace perder el sentido de tiempo y espacio.Te seguiré leyendo. Saludos.
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