en el silencio,
Llegas
la actitud provocadora
de la noche
y emerge su esplendor
para hundirse, también,
bajo el manto rumoroso
de la carne
que subyace,
acariciando la húmeda ondulación
con la que abres mi universo...
Llegas
para zanjar la pureza
que retorna
tras el bautismo de los cuerpos,
haciendo que perdure,
en mi lengua, su cometido...
No hay pretexto
para no caer, desvanecidos,
por el vaivén que modulas,
seguro de crear ese espacio,
cuya tónica es salvaguardar
esta onírica arquitectura...
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