tu elegante dicción,
la que se involucra conmigo;
la que me ruboriza
y cubre de gracia,
haciéndome comprender
de lo que estás hecho...
Ese empuje inefable,
nutriendo con delicias
la mirada,
irremediablemente,
proclive a caer en tu hechizo...
Es que me tocas el alma
y se derrite mi voz
en el silencio,
cuando tomas cada palabra
de mi boca
en un hito verbal
con el que vas,
en un hito verbal
con el que vas,
haciéndome despeñar
por el filo de tu aliento...
Aprender a sobrellevar
esta sensación torrencial,
que me coloca
entre cénit y nadir,
mientras vuelvo a mí,
es más que un privilegio...
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