del músculo sobresaliente
que dice de ti
más de lo que pronuncias...
Discurro la vivencia
encargada de transformar
la visión turgente
que se anuda a mi latido...
A través de tus ojos,
abriendo y cerrando dimensiones,
descifro tu forma
de capturar la belleza
y reacciono a su magnético impacto...
Profusamente,
te expones a toda observación,
libre de daño
para, luego, meterte
en mi retina,
sin piedad alguna...
Hay
una cuerda húmeda
que se enrosca a la expresión
más íntima;
una especie de gradualidad
que garantiza el despliegue de mi ser
en tu alma...
Tienes la extraña habilidad
de hacerme percibir
algo nuevo en mi interior...
Y, abultada la seducción
danza con las insinuaciones
que emergen
de la tersura y lozanía
del querer ser, para tu tacto,
ansiada ocasión...
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