Me ofreces
un acceso arrollador
a los efectos de tu afecto...
a los efectos de tu afecto...
Permito
que me atraviese,
con vigor,
la originalidad admirable
de tu lengua,
en el mismo momento
en que se muestra tu antojo
al extremo...
Definitivamente,
acepto
participar en ese ritual
de complicidad
que compagina las historias...
Porque
te excedes, conmigo
y no afloja el contacto amatorio
con el que me enredo
en tus dedos...
Y sigues, mordiendo,
en cámara lenta,
mi ofensiva,
mientras voy entrando,
con vehemencia,
en coherencia, contigo...
En el fastidio de la cordura,
clavada
en tu cristal;
en el prisma
y su lumínica fractura...
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