en el gesto imperceptible
que nota cómo te acercas;
en la palabra no dicha
que exhibe
la sutileza impecable
que viene a parar,
justo, delante
del indicio más puro
que registra
tu envoltura onírica...
El misterio vuelve a asegurar
su estadía en mi respiro,
como una historia inacabada
que se escribe, dulcemente,
sin abreviaturas...
Y me pido, con premura,
tus ojos,
cuando converso con tu alma;
tu lengua,
cuando conservo, viva,
desde el primer momento
esa ración de noche
que chorrea, cómplice,
el impulso extraordinario
que ampara mi abstracción...
Lo siento entrar y salir,
de ti y de mí,
meloso,
conservando el efecto
en aras de la plena concesión...
No hay comentarios:
Publicar un comentario