es de tus ojos;
de ese lugar tan hondo
donde yace la invención ingenua
que doblega mi cordura;
desde donde aflora el deslumbre
con que me seduces, a ciegas...
Me enloquece
la forma en que me indagas;
cómo introduces
ese estribillo implacable
que me saca de mí
para perpetuarme
en tu vibración...
Y me armo de valor,
desde la ladera traslúcida
de mi lengua,
mientras brota, súbita,
mi canción
y te la dedico...
Nada difusa, cae del cielo
la explicación que adivino
se arrima
a mi alma intrépida,
cuya proyección
te alcanza, directo,
y te trae conmigo...
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