se aferra y afina
la cuerda de mi alma...
Osas pasar
a través de cada palabra,
procurando vencer las líneas
hasta hacerlas estremecer
tan sólo con un roce...
Eres la melodía de todos los mares
y yo el sextante,
cuya alevosía tiende a conceder
la posición adecuada
para embargar a tu noche
de estrellas y luna
y veas que es sólo el comienzo...
Tocas mi eje ancestral
y puedo
embarcarme en la hondura inexacta
de tu aliento de poeta;
confesarte
que no es casual;
que es una cualidad digna
para hacerla contrastar
con lo que sientes...
Logras
embriagarte de la fragancia
que acuno dentro;
embeberte de mi universo
y su misterio infinito,
mientras sometido
a la vorágine del deleite;
apartado de toda sensatez,
te vuelves hacia mí
para sostener,
con esplendor poético,
un tramo cubierto de frenesí...
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