Te desprendes de la sombra
y vienes hasta mí
con la claridad en los labios…
Caes en mi boca
con besos almibarados…
Lo sé,
te recuperas…
El sueño
galopa tus adentros
y voy montada
en sus crines etéreos…
Consientes mi melodía…
Soy el barniz de tu cuello…
Nota y cuerda,
rama de tu silencio…
Te siento…
Soy tu doncella escarlata,
latiendo
entre tus dedos…
Me sabes dentro…
Arde el farol de tus ojos…
Es tu sol
que me hipnotiza...
Me estrello
y te estrellas en la dorada brisa…
Mi huella yergue
en tu presencia de fuego
y llegamos al terreno virgen
que nos convoca
sin miedo…
Despertamos al infinito…
Nos conmueve la profundidad
del mayor de los misterios,
que llueve y arremolina,
moja, desnuda y agita,
cifrando en nuestro corazón
su llamarada bendita…