mis palabras,
en tu lengua,
te imbuyo de lo que siento...
Me fundo a sus aguas,
mientras atizas
este coloquio perturbador,
sumergido en mis labios...
Y fluyo
por los caudales subterráneos
de tu silencio,
lloviéndome de magia...
Te señalo
el símbolo eterno del amor
en mis remiendos;
lo especial que eres,
para mí,
desde el principio...
La construcción sustancial
que soy
y su lado encubierto...
En lo que me transformo
con el fin de deslizar,
vuelta gota, el infinito
de tu máxima expresión...
Y, al unísono,
comenzar a comernos
con los ojos,
llegando hasta la sombra
para acabar
sosteniendo la circunvalación
al compás de la rueda cósmica...
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