tu anchura
corona el enlace
de la piel más honda
de la piel más honda
y te brillan los ojos,
cuando me pongo
frente a frente
y tu sabia conducción
determina la animosidad de la sombra...
La absolución se desliza
por mi corteza más blanca,
crecida,
brotada,
desde el borde de la seducción...
desde el borde de la seducción...
Resalta
la transparencia abismante
de la ruina
y su disturbio
y su disturbio
me arrebata la razón...
Abruptamente,
la metanoia cubre mi sien
y descubro
que tu diálogo infalible
se vuelve inevitable...
Me va bien
sostener la entelequia,
si se hace distorsión;
si aporta el exceso
si aporta el exceso
para acabarme en tu aliento,
volviéndose sensible
a la autosuficiencia,
como distinción determinante...